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Reparaciones

La placa de yeso laminado se repara muy bien: es de las pocas superficies de la casa donde un aficionado puede dejar una reparación literalmente invisible. Lo único que cambia según el destrozo es la técnica.

El tamaño del agujero decide el método

Por debajo de un centímetro, basta masilla. Hasta unos cinco, un parche autoadhesivo de malla metálica. Por encima, hay que injertar un trozo de placa nueva, y ahí es donde la gente se atasca. La buena noticia es que ninguno de los tres métodos necesita herramienta especial.

El acabado, en cambio, sí tiene truco: casi todas las reparaciones que se notan no fallan por el relleno, sino por haber lijado poco, haber dado la masilla en una sola capa demasiado gruesa o haber pintado sin sellar el parche.

Antes de tapar nada conviene preguntarse por qué se ha roto. Un golpe de un mueble o de un pomo es un daño puntual y se repara y se olvida. Una grieta fina que reaparece siempre en el mismo sitio (casi siempre en la línea de una junta, o en la esquina de un hueco de puerta) no es un problema de masilla: es movimiento, y rellenarla sin más garantiza que vuelva. Ahí lo que toca es abrir, poner cinta y resolver el motivo.

Y una comprobación que ahorra disgustos: si al pinchar alrededor del agujero la placa se deshace o está blanda, no ha sido un golpe, es humedad. Reparar esa zona sin encontrar de dónde viene el agua es tapar el síntoma, y el parche durará lo que tarde en secarse la pared.

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Fuentes

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